Todavía no estoy lista para terminar, ni si quiera siento el sueño que debiera, la sangre que corre por mis piernas me despierta como hormigas en la mano o moscas cerca de tu oído.
¿Sabrá toda esa gente afuera que se detuvo el mundo un momento, que cayeron del cielo todas esas profecías que adormecen a creyentes e instituciones?. ¿Sabrán que es “que se detenga el tiempo”?
Me la paso todas estas horas con este llanto inverosímil, de mi, soy la única que no debe de creer en él, todos se acercan como queriéndome dar la mano, pero a nadie le alcanzan los dedos para estos casos, y aquellos que su mano espero me han aventado trapos para el llanto y miradas de ciego.
Aquí nadie entiende un carajo de como están las cosas, incluso quienes debieran entender algo, pinche ignorancia, pinche falta de empatía, pinche mundo, pinche todos, pinche día. Uno dice tanto con un “pinche” que a veces la gente calla, sobre todos esos que suelen decir “échale ganas”.
Si de ganas fuera la vida, varios estarían regocijándose en no se que tanta mierda, esta vida no es de ganas, es de vida. Y la vida se define a través de la muerte, y con la muerte no hay ganas, ni siquiera cuando se lucha en su contra, la muerte es la muerte, y hay unos que hemos alcanzado a entenderlo y eso, solo a través de ella misma.
Me acuerdo bien del día en el que me morí, lo recuerdo por que fue hace poco, hace mucho en términos médicos, hace cuarto de cuarentena en términos folklóricos, hace poco en términos de madre primogesta.
No tengo ganas de terminar esto, vamos a dejarlo aqui que se esta llenando el cuarto de lagrimas y estas tan dormido en mi cama que me han dado ganas de alborotarte el sueño, no quiero extrañarlo a solas. ¿Qué vamos a hacer sin él?