domingo, 20 de abril de 2014

Señas particulares: Lunares, varios.

Estoy perdida de todas las cosas que me prometí y no he hecho desde que Alex y Erik se fueron, la gente dice que debo “dejar ir”, pero no entienden que hablar de ellos a todas horas como manecilla imparable es la única forma de tenerlos, de amamantar su muerte, de saciar esta locura. Pero claro, quién va  extrañar blastocitos, células con necrosis, brazos y piernas pequeñitas. Yo, yo, yo, yo ayer, yo hoy, yo siempre, yo y ustedes, y él. Nosotros.

Necesito apresurar solo el paso, aprender a caminar alrevesada, como cuando todos fuimos niños y dimos vueltas hasta marearnos, me gustaba mirar el foco alumbrando sobre mi nariz mientas yo hacia todo por caminar y daba pasos largos antes de caer al suelo, así voy a seguir.

He decidido hacer una lista de las cosas que prometí hacer antes de saberlos muertos, de saberlos si quiera vivos, por que hoy es la única manera en que se me ocurre caminar, regresar por el camino que me llevo al 16 de Mayo, y construir otro. A manera muy sencilla esto es lo que quería en mi vida antes de que ustedes fueran lo que más deseaba:

1.- 10 kg. pendientes

2.- La Maestría

3.- Blog PyMe

4.- Terminar todos y cada uno de los libros con P, de pendiente

5.-Acomodar mis finanzas

6.-No dejar los negocios

7.-Irme a Querétaro y a Comala

8.-Regresar al teatro

9.-Terminar el rompecabezas de 1000 piezas

10.-Ser soltera

NOTA: Hacer todo esto para encontrarme.

1989

“De mis viajes al cielo y al infierno, ha nacido una cruel sabiduría”

 

No estoy segura de mis 25 años, ni de la calle que me acecha con su noche apocalíptica como invento de ficción, me quedo sentada en una silla que sostiene mi tristeza esperando soltarla como paloma, alas rotas. La mesa de los plátanos negros, mallugados, oxidados por el tiempo me ven la piel oscurecida, como haciéndose vieja, sangre amolada, palazos de la vida en el fémur que sostiene toda mi belleza, carcomida, como los plátanos de la mesa que me ve volar como paloma sobre la calle en esta noche tremenda, roja, de ciencia ficción. Seguramente son mis 25.

Son mis hijos muertos los árboles de las avenidas por las que tengo que cruzar a diario por unas monedas,apostarlas, ganar, o perderlos, de nuevo, como las primeras dos veces. Panteones pequeñitos con higueras y columpios para los niños de cajas de 4 por 4 centímetros. Tumbas que huelen a leche materna frustrada con epitafios breves como: Stop, Avioncito, Tulastraes, Escondidillas, TalkingTom.

Quiero sembrar en mi rostro sus nombres y regarlos con la saliva de dios, germinar, cosecharlos en Mayo, como mangos o grosellas, o flores de azahar. Quiero sembrar los pedazos de su carne inmaculada en las macetas que cuelgan de la casa que imagine seria nuestra, y ver como estiran sus manos como flores despertando, como besos largos de enamorados. Cortar los arbustos del parque que nos rodea en forma de caballos de madera para que el viento los empuje bruscamente cuando se suban, caigan y lloren y pueda yo abrazarlos, levantarlos del suelo en el que duermo desde que se fueron.

Les mentí cuando les dije que todo iba mejor, les mentí cuando les dije que podían elegir, que yo estaría bien. Estoy especialmente mal.