viernes, 20 de septiembre de 2013

Garbanzo y yo.

Dice el Internet que mides lo mismo que un garbanzo, pero yo te mido en días, mides 489 días de espera, puedo medirte, si quisiera también en vasitos de lágrimas, en las veces en las que me encomiendo a ti como mi única figura omnipotente o quizá medirte en niveles de frustración. No me parece que decir que mides lo que un garbanzo sea el termino suficiente, y es que hoy la métrica va en lo mucho que tengo hinchado el corazón, en el tamaño de mi sonrisa y en el peso de mi miedo.

Te amo tanto, hoy mides un garbanzo y los tres días mas bellos de mi vida, no se esta vez cuanto nos dure estar juntos, pero si se trata de nueve meses, te lo voy agradecer toda la vida, tengo tantas ganas de ver tus ojos, de olerte, he imaginado como hueles, quiero que mi nariz toque tu piel roja, que me sonrias y cuando lo hagas no le cuente a nadie. Amor, te prometo que vas a ser el mas feliz, solo dejame demostrartelos.

Eres lo unico que me importa en la vida, no dejes que nadie te diga que no soy feliz. Por que jamás he sido más que hoy.

Nos vemos pronto ¿verdad?

domingo, 21 de julio de 2013

Sin nota roja.

Un día sin más despiertas pensando en la ropa que hay que lavar, el reporte mensual del departamento de mercadotecnia, la renta, el gato que no es tuyo te despierta chillando por que acaban de operarlo y piensas en él. Dices su nombre como un espasmo involuntario de tu lengua, como estertores de tu memoria. Es inevitable, la noche anterior le dijiste a tu mejor amiga “hace mucho que no buscamos viada”, hablábamos de que había pasado un tiempo desde la última vez que alguien nos gusto tanto que hicimos todo para esa "viada”. Ella ahora planea una vida a lado de un hombre a quien he llamado “su sillón”, él llego después de esa tormentosa relación dónde ella perdía la cabeza citando tempestiva y recurrentemente a Kundera, lo odiaba y lo amaba enfermamente, él, nunca supimos que sintió, si leyéramos sus cartas y escucháramos sus promesas desnudos, posiblemente nos confundiríamos, como ella. Sin embargo, eso ya fue, se acabo un día como una abolición de esclavitud histórica; el amor enfermo, las relaciones obsesivas, el sabor amargo del desamor se acaba un día como la pluma que no pinta y a la que te aferras, la raspas al papel, la agitas, incluso la abres y soplas en ella por que crees que la tinta pasará y escribes y no escribe, incluso la guardas por que crees que un día pintara, hasta que en serio entiendes que no sirve, que  no tienes por que por que tenerla, lo intentas por ultima vez, no pinta, es tiempo de tirarla. Y cuando la tiras piensas ¿y ahora con que voy a escribir?.

“El sillón” es un chico más atractivo que aquel que jamás le dio viada, artista visual y por lo tanto relativamente más inteligente si lo comparamos con la licenciatura en gastronomía de quién le dijo que esas mujeres no eran nadie cuando si lo eran, él es un poco más bajo y su cuerpo no la domina tanto como alguna vez lo hizo el otro, sexualmente, digamos que es buen aprendiz, ha sido difícil superar al anterior, pero lo ha logrado, al menos en ese aspecto, medianamente gracioso y buena persona, activista de corazón contra el ignorante en política y sociedad, incluso su historia de amor es más conmovedora, a ella le gusta decir “nos conocimos en el 132” mientras que del otro, nunca quiso decir como se conocieron.

Todas necesitamos descansar después de una noche de lluvia que duró meses, tal vez años, quieres sacarte las botas humedecidas, secarte el cabello, limpiarte el rimel de las ojeras, tirarte al sillón y pensar “no vuelvo a salir al mundo sin paraguas”. Acurrucarte en el sillón, no levantarte, ponerte una manta, llorar un poco. Y si el sillón te va dar un refugio después de esa tormenta, es posible que entonces sea tiempo de olvidar. De ver la lluvia solo por la ventana, esperar a que pase el resfriado tomando té con limón en ese sillón cómodo, agradable, lindo, y que a todas tus amigas les parece que va perfecto con tu sala.

Yo ya no amo a quién amaba con tanto fervor, a quién odie la mitad del tiempo que lo amé, lo note esta mañana que desperté con su nombre amodorrado en mis labios, es cierto, tengo un hermoso sillón, pero no tengo ganas de vivir en una sala pese a la divina comodidad; me pregunto que tanto te dura esa sala sin que tengas ganas de remodelar tu casa. Me pregunto si un días vamos a volver a obsesionarnos con alguien, extraño un poco ponerme nerviosa con mis comentarios, pensar si le gustará esto o lo otro, incluso extraño llorar, igual no fue tan malo, aprendes de tu fragilidad, tu ego conoce la humildad, tu fortaleza emocional es retada, tus ganas de volver a empezar te permiten logros que no imaginaste y sobre todo aprendes a disfrutar lo que no tenias cuando lo tenías a él.

Voy a lavar la ropa, a planear la mercadotecnia del mes que viene, a pagar la renta en el banco, acariciar al gato que no es mío y voy a sacar el sillón de mi sala,  quiero ya citar Kundera y beber un vino malísimo con ellas, decirles que ese alguien que estoy por conocer no me da viada y que estoy empezando a obsesionarme.

No quiero un sillón, quiero que alguien no me de viada.

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domingo, 6 de enero de 2013

Primer semana: Los propósitos que no cumplí.

Hay una lista engrapada a mi pared, diez viñetas con enunciados que prometen un año mejor que el anterior, la única condición para que suceda: cumplirlas al pie de la letra.

La primer semana de mi “año mejor” ha sido un rotundo fracaso, pero no tengo ganas de volver a sentarme a esperar que todo mejore, como el pasado, que todo el tiempo dije que la vida era un equilibrio y que ya todo mejoraría, nunca pasó. Que estúpida esta idea del equilibrio, que burgués suena, que injusta suena cuando le añado el calificativo de “burgués”.

Hace exactamente dos años que empecé a creer en Dios, hace como diez que creo con toda mi alma en los postulados del “hilo rojo del destino”. Pero hoy, hoy declaro que quiero mandar a la mierda todo esto, quiero enredar el hilo rojo en el cuello de Dios, y dejarlo a los dos colgados, esperando a que los bajen de ahí, como a mí me dejaron.

¿Qué esperaban? Que en mi cabeza resonaran las frases de “Dios sólo te pone lo que puedes soportar” y “Por algo pasan las cosas” ¡Me tienen jodida! Llevo meses viendo cómo me quitan todas las cosas que amo, y lo de esta semana ¿qué fue?…una lección.

Que les den por culo a los dos, estoy hasta la madre de sus lecciones, de sus pruebas, de los caminos por lo que debo seguir, de la gente que me ponen en frente. Lo único que debo hacer es seguir esa maldita lista de propósitos que YO me escribí, esa receta de tranquilidad y prosperidad que me invente.

Ya no van a regir mi vida, no vuelvo a creer en el destino, por que ese destino me ha llevado a los peores lugares con la peor gente, y ese Dios que conocí un día hoy se ha convertido en una piedra en el zapato. No vuelvo a encomendarme a ninguno, más que a mi.

Es seis de Enero, es el primer seis de Enero de todos estos 23 años que no despierto a todos para que veamos el árbol, se escuchan las risas del sobrino, las de todos también, ¿será que me estoy amargando más que evolucionando de ideales?, da igual, hoy todo me da igual.

Primer propósito del año: Aprender a estar sola.