sábado, 31 de diciembre de 2011

2011

¿Será cierto eso que me acaban de publicar en Facebook? “No trates de cerrar ciclos, los ciclos son círculos, por lo tanto son infinitos.”

Etiquetas en las redes sociales que incomodan veintidós años de emoción por la cosa esta de “cerrar ciclos” , nada me emociona más que terminar algo, me habla de lo que se viene, de que tu vida esta entre un hoy y mañana, a 24 horas de que mañana “sea otro día” Pero a la gente le vale mierda como crecí, por que se aseguran de postear lo insignificante de proponerte, desear, querer cambiar, querer empezar de nuevo, remediar, olvidar y todo eso en lo que los ingenuos fervientemente creemos.

Estoy cruda de shots de mezcal y tequila, vino y cerveza, me duele la cadera ya no soy la misma bailando, anoche me percate mientras al ritmo de “búscate una chica una chica yeah yeah”  pensé en mi inhalador, en que debí comprar esa oferta de Salbutamol,dormí en una casa donde la familia había llegado de visita y las cobijas no eran suficientes, desperté con alergias por el gato que mordisqueaba el sillón donde dormía con ella, ella que se ha pervertido y decepcionado tanto como yo, a la que tanto amo y espero que no se enamore de nadie, por que puedo quedarme sin un hombre para toda la vida, pero no sin ella. Tengo una gripe fatal. (Nota importante:  No tengo cruda moral, por que a pesar de lo acostumbrados que los tengo, no vuelvo a acercarme a nadie. Tengo asco de todos.)

No acabé de limpiar mi  cuarto, mi ritual de cada nuevo año, ya es hora de bañarme, este año definitivamente no esta acabando como todo los anteriores, este año culmina un tanto cuanto patético, como de mujer de veintitantos, sin novio, peor, sin él. Este año termina con una bendición tangible, nueva, extraña, un ser humano que vino a arrancarle la cabeza a todos los niños, un cuadro Heródico, me dan ganas de llorar con sonrisa cuando hablo de él, cuando hablo con él, es un pedazo de todo lo que viví y de lo que ya no me acuerdo, verlo sonreír es jugar con mis hermanos a las almohadas una Navidad del 95. Elian esta aquí y no se que vaya a pasar con esta familia que una vez fue de cinco, me asusta, pero me siento preparada. Este fue mi último año en la escuela, ya hace mucho que termine las materias, pero este año fue el último que me senté con la tranquilidad de un estudiante que fuma esperando una hora, de la vida, de la clase, de la quien sabe que cosa sin importancia. Y para eso no se si estoy preparada.Este año termina con una pareja que la vida ha tenido que separar, he visto lágrimas, he visto optimismo, yo no se que tan miserable sería mi vida sin esos dos amantes, a distancia. ¿Felices los 4? No, felices los nueve. Me preocupa que la pequeña crezca, yo no tengo nada que enseñarle, yo todo lo hago mal, errores placenteros, pero errores al fin. Yo todo lo que tengo para ella son oraciones, y espero le lleguen por que si algo un día le sale mal es mi culpa, es mi culpa por completo. La amo tanto que siento que todo lo que este año la ha lastimado me ha roto las rodillas de un minuto a otro. Y ellas, ellas también cuentan, las quiero aquí hasta que ninguno de nosotros quede en la tierra. No me dejen niñas.

Es tarde, vámonos con este año al que no precisamente llamaría maravilloso, desde el 2010 se han encargado de hacerme crecer tanto y este no fue la excepción. Me llevó todo lo que leí, lo que vi y lo que viví y espero con  el corazón abierto el 2012. Por que mi profecía es que el mundo se va atascar. ¡Feliz último día del 2011!

IMG_0041¡Viva la vida! 

martes, 20 de diciembre de 2011

Semana de libre conmiseración.

Me he golpeado la espalda con tu lengua espinada, la corona hecha con tus dedos me presiona la cabeza y me sangran las esquinas del pensamiento, llevo cargando en la espalda la cruz de tu nombre, me van a clavar tus palabras en mis muñecas, tus besos en mis tobillos. Me van a poner al secar al Sol junto con aves de rapiña y humanos de la misma clase. Me van a matar y es que yo he dejado que me maten. Vine a predicar mi amor por ti a los hombres idiotas de esta tierra. ¿Qué saben ellos de la fe, si no los has puesto a confiar ciegamente en ti? ¿Qué  carajos saben? Yo en cambio, creo en él, en mi Señor, creo en su palabra miserable e irreal, lo amo, lo glorifico, me lo pongo en la lengua, me lo paso con vino, sabe a ostia cada beso, soy el depósito de su cuerpo, soy lo que quieras, soy obscena y santa, y puta y soy creyente de todo lo que es inadmisible. Me duele el pecho que no va amamantar la boca de sus hijos, me duele el vientre que no va cargar el peso de esos cuerpos, me duelen los ojos por que no he aprendido a llorar por él, le amo, pero no esta en el camino de mis lágrimas, me sala, me mata, me amarga esa lengua bífida, esos dedos dentro mío, esa mirada que me desviste el cuerpo, el alma, esa mirada que me tiene cogida, mal cogida y bien cogida. ¡Cuánta mentira, cuánto dolor, cuánto gozo, cuánto gozo! Estoy cansada de rezarte de rodillas, de besarte en la misma posición, estoy cansada de la señora que va a mi lado con su alegría pésima, con su historia de la vida, que no es la mía, se ríe de una felicidad efímera, con su cincuenta o sesenta años que va a saber de la vida, que va a saber de la vida si no se ha muerto de amor. Esta es la semana de la conmiseración, me voy a llorar, me voy a victimizar, voy a odiar mi fe, voy amar tu cuerpo enlamado, empobrecido, enrarecido, voy amar cada parte de nosotros, desde nuestra mano hasta nuestras noches, voy amarte por última vez, en esta tumba de piedras en la que voy a resucitar y van a venir a verme los falsos, los creyentes, los arrepentido y los enfermos, van a venir a ver, serán testigos de la resurrección. Y tu, amor mío, aún así no vas a creer en mi.

lunes, 19 de diciembre de 2011

El Nuevo Testamento según otros.

No creemos en la resurrección, no hay más vida después de la muerte. No hay muerte, hay vida y pan eterno, y vino eterno y dolor. Y tristeza y llanto, hay envidia. Pero también hay amor, y eso es lo peor de todo.

Yo vi morir a su padre, los vi a ustedes cerrar los ojos para siempre esa misma tarde. Cuando llegue a casa, post mórtem: la tierra se estremeció como si Dios hubiese agitado los brazos viejos, como si se hubiera levantado de su silla indignado, había terminado todo y él ya no podía hacer nada, ni con toda su omnipotencia. Si fuera más humano y menos quimérico, equivocarse sería más sencillo de admitir.

Fue una tarde de hotel, nos morimos haciendo el amor, no nos besamos, pero recuerdo sus palabras, su morbo, su deleite. No pregunten que es morbo, además ustedes están muertos también, que no les importa el placer de mi carne. Agusanada, seca, enterrada y lacerada, untada con el bálsamo de la chingada.

Este es el “Infierno tan temido”, estos son mis pies ardiendo, mis cabellos apestan a cenizas, mi piel se me esta cayendo, no tarda en quemarse mi alma. No tengo como pagar mi penitencia, prefiero que las llamas me consuman tu nombre, que sabe a madres cada vez que lo pronuncio. Que se lleven los restos de tus ganas, que se lleven tus uñas desgarrando nuestras horas. Este es el Infierno: no tenerte.

Yo no puedo ir al cielo, he pecado con las letras del deseo, de la gula, de la mentira, de santificar en tu nombre. Te santifico, te canonizo y te despojo de tu ropa y hago el amor contigo en días prohibidos. Santo de mi, de mi locura, bendíceme con el salmo entre tus piernas, báñame, bautízame, eres mi templo y que vengan mil y dos mil. Ya sabes por que no puedo ir al cielo.

No puedo creer que estemos muertos, debajo de este montón de tierra, encerrados en esta insignificante urna. ¿Todo lo que somos cabe aquí? ¿En que momento me volví tan miserable? Nos enterraron separados, nadie sabe de mi ni de ti. Saben mi nombre y te han visto encerrarte con mi nombre, te han visto perder el apetito, te han visto olvidarme con otras. Pero no saben que llevé una vida indecente, inteligente y pocas veces inteligible. No saben un poco de lo mucho que me he equivocado, no saben que me hubiera encantado me enterraran a tu lado, con todos esos gusanos hambrientos, pobres, pinches, pinches gusanos, pinche tierra, pinche muerte.

Ya no voy a levantarme de este cuarto oscuro, ya no voy a formar mis brazos entre la piel quemada, achicharrada, perfumada por tu boca, extraño tu boca que era mía. Me dan ganas de pararme de aquí, de salirme y encontrar entre las tumbas tu nombre. Besarte, escaparnos en la noche macabra, limpiarnos los huesos, acomodarlas cenizas, quitarnos de la cara el hollín, tengo tantas ganas de verte reír.

Estoy cansada, a veces pienso:  que bueno que me morí. Ya no hallaba tus pasos, ya no escuchaba bien, olvide muchas cosas, ya no estábamos para amarnos. Por eso te quedaste entre mis brazos, te pedí “vete conmigo”. No paso, me salieron cayos en el alma, cúrame con tus besos, pero no me los des, guárdalos, al fin yo ya estoy muerta, fría, sin ti, contigo, muerta.