martes, 20 de diciembre de 2011

Semana de libre conmiseración.

Me he golpeado la espalda con tu lengua espinada, la corona hecha con tus dedos me presiona la cabeza y me sangran las esquinas del pensamiento, llevo cargando en la espalda la cruz de tu nombre, me van a clavar tus palabras en mis muñecas, tus besos en mis tobillos. Me van a poner al secar al Sol junto con aves de rapiña y humanos de la misma clase. Me van a matar y es que yo he dejado que me maten. Vine a predicar mi amor por ti a los hombres idiotas de esta tierra. ¿Qué saben ellos de la fe, si no los has puesto a confiar ciegamente en ti? ¿Qué  carajos saben? Yo en cambio, creo en él, en mi Señor, creo en su palabra miserable e irreal, lo amo, lo glorifico, me lo pongo en la lengua, me lo paso con vino, sabe a ostia cada beso, soy el depósito de su cuerpo, soy lo que quieras, soy obscena y santa, y puta y soy creyente de todo lo que es inadmisible. Me duele el pecho que no va amamantar la boca de sus hijos, me duele el vientre que no va cargar el peso de esos cuerpos, me duelen los ojos por que no he aprendido a llorar por él, le amo, pero no esta en el camino de mis lágrimas, me sala, me mata, me amarga esa lengua bífida, esos dedos dentro mío, esa mirada que me desviste el cuerpo, el alma, esa mirada que me tiene cogida, mal cogida y bien cogida. ¡Cuánta mentira, cuánto dolor, cuánto gozo, cuánto gozo! Estoy cansada de rezarte de rodillas, de besarte en la misma posición, estoy cansada de la señora que va a mi lado con su alegría pésima, con su historia de la vida, que no es la mía, se ríe de una felicidad efímera, con su cincuenta o sesenta años que va a saber de la vida, que va a saber de la vida si no se ha muerto de amor. Esta es la semana de la conmiseración, me voy a llorar, me voy a victimizar, voy a odiar mi fe, voy amar tu cuerpo enlamado, empobrecido, enrarecido, voy amar cada parte de nosotros, desde nuestra mano hasta nuestras noches, voy amarte por última vez, en esta tumba de piedras en la que voy a resucitar y van a venir a verme los falsos, los creyentes, los arrepentido y los enfermos, van a venir a ver, serán testigos de la resurrección. Y tu, amor mío, aún así no vas a creer en mi.

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