miércoles, 1 de febrero de 2012

Mitómana encontró Melómano

La noche anterior había terminado en lluvia, mal augurio según algunos gatos negros, era de imaginarse que el cielo de sus ojos se partiría en dos y el diluvio anunciado caería sobre ellos, con la precisión de la relojería alemana y los rayos de sol en la arena,  entre mentiras y notas musicales de urbana procedencia todo transcurrió como debía; el olor del underground, las zapatillas al unísono de la impuntualidad, la cama que esperaba por destenderse en aquel hotel que los había albergado los últimos dos años, quizás más, el desayuno incompleto, la duda que vitaminaba la relación, y sabrá no se quién,que otras obviedades.  Ella se había levantado exactamente del mismo lado, con el mismo suo, la misma pijama y el mismo revoltijo en el cabello grasoso que cuando lo conoció, si es que algún día en realidad lo conoció, y ya no tuvo tiempo de saber como se había levantado él; el tiempo les cobro los minutos, los meses de ascuas, era ahora o nunca, era un si o un no, ya no tenía tiempo, el tiempo, de un “no sé”. Era tarde.

(Ella ya lo sabía,ya no le quedaba ni un ápice de vida, se lo había llevado todo, esa noche que le prometió lo que le prometió)

Esa mañana, se levanto de la cama ya sabiendo que pronto estaría desnuda con alguien de nombre bien aprendido, de manías bien disfrutadas y no habría de amarlo sin precedentes simplemente por que ya lo amaba, sabía lo que el quería que supieran de él. Muy al contrario del primer día,no había sandalias amarillas que combinaran con ningún Sol y esa mañana, apenada no se despidió de su perra, la misma perra que años atrás había muerto en la sala del quirófano y vuelto de regreso al darse cuenta que el cielo de los hombres y los perros es el mismo. Y no prendió la computadora, por que había estado planeando venderla y de un tiempo para acá dejo de usarla, la historia de por que se la habían comprado, había quedado olvidada en algún cajón de la casa, se bo apurada, sin música, reviso su bandeja de entrada desde el dispositivo maniaco obsesivo y no había correos de él, ya no era necesario “Mitómana ya no buscaba Melómano”, ya lo había encontrado.

Su perfil, oculto par él,  sus amigos, los amigos de sus amigos  y desconocidos, era el mismo; ella era una mitómana declarada,  no era del todo buena, no  del todo interesante, hablaba de Van Gogh y de su melancolía, lloraba por trivialidades, escribía  mas de lo que hablaba, estaba encandilada a su perra, era simple y miope, compulsiva, alguna vez pirómana,  despreocupada, que tenia como Biblia la antología de Sabines, que siempre se sentía vacía y que todos los días aseguraba que estaba a dieta. Y él, él tampoco era del todo bueno y eran ya tan claras las desventuras emocionales de cada uno, que estaban a dos palabras, quizás tres, de olvidarse para siempre.

El día que lo vio por ultima vez desayunaron cada uno por su parte, se sentaron uno al lado del otro y miraron cada quien por una ventana, se rieron poco, se abrazaron menos de lo que se rieron, solo se besaron una vez, se ofendieron de todas las formas posibles, se engañaron de la ultima manera que lo podían hacer. El nunca lo noto, pero al darse la vuelta, ella cerró los ojos, los cerró  y vio lo mismo que había visto toda su vida, el mismo triunfo, el mismo anhelo, la misma decepción y en ninguna estaba él y ya nadie podría arrancarle  las ganas de volver a empezar. Ni él, ni ella. Y  sabía como y peor aún sabía exactamente por que, había dejado de soñar con los dos.

Era cierto Mitómana buscaba Melómano, y  por una razón que ninguno había alcanzado a entender se cruzaron. Ella lo había encontrado, o él a ella, ya en realidad no importaba, por que esa mañana que terminó a las doce y se convirtió en  tarde, había dejado de buscarlo, lo encontró y descubrió que sus manías no iban más  con las suyas y pasaría los días mas felices de su vida sin esa música y sin todas esas mentiras.

.

 

En respuesta a: Mitómana busca Melómano

No hay comentarios: