“ Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados. El doctor Juvenal Urbino lo percibió desde que entro en la casa todavía en penumbras , adonde había acudido de urgencia a ocuparse de un caso que para él había dejado de ser urgente desde hacía muchos años”…
“ – ¿ Y hasta cuando cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo?-le preguntó.
Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años , siete meses y once días con sus noches.
-Toda la vida- dijo. “
Comienzo a recordar…
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