Yo nunca lo había hecho, ni siquiera en la cabeza, mucho menos con el espejo a la expectativa; recuerdo claramente que en la primaria se reunieron todos a una hora impenetrable para “los de las buenas notas”, lo harían todos ahí, juntos, si algo salía mal no habría un solo culpable, habría siete. Yo no recibí invitación para la primera vez de aquellos compañeros del salón, pero mi perspicacia me hizo darme cuenta de qué sucedía antes de que cualquier autoridad si quiera imaginara de dónde provenía ese olor. Mi mamá nunca intervino para explicarme lo positivo y lo negativo del asunto, no pensó que un día llegara si quiera a gustarme, a causarme placer, a que algunas veces (no todas) me hiciera falta y esperara por cruzar un largo camino para por fin poder hacerlo. El único que me lo prohibió fue mi papá, él de verdad estaba en contra de todo eso, decía que tu cuerpo se volvía otro, que el conocía a muchas mujeres que habían pasado por su primera vez y que ya nunca nada volvía hacer lo mismo. Pero a mi nada de eso me tenía intranquila, vivía mis años antes de entrar a la secundaria como cualquier otra niña, claro omitiendo las tendencias suicidas y autodestructivas que me invente cuando sin querer una basurita me entro al alma.No hubo primera vez para mi en la primaria.
En la secundaria no me permití la segregación del grupo “los de las buenas notas”, seguía haciendo lo que más me gustaba, nada más que con menos pritt, menos crayones y menos diamantina. Y claro, era de esperarse, ahora los niños, que siempre me habían parecido lindos, se habían convertido en un saco de oxitocina que inevitablemente miraba, pero me negaba a siquiera abrirlo un poco, olerlo, saborearlo, desearlo. No debía, suponía que enredarse con un muchacho significaba atarse para siempre a un hombre, y la idea del amor y la dependencia desde entonces me parecía tortuosas. Me parecía, me parecen, me parecerán. Pero como negar mi mirada cuando las siete de la mañana dejaban clara la diferencia entre ellos y nosotras.Y así empezó todo, las niñas, mis amigas, decían que haciendo “eso” frente a ellos haría que un sentimiento de atracción naciera. Compraron lo necesario y como pudieron lo hicieron. No podía creerlo, había sido invitada, pero no, mi cuerpo todavía no estaba listo para esos placeres, apenas mi boca se acerco un poco al objetivo y salí corriendo, no quería, no tenía idea de como iba a saberme esa cosa, se veía de un tamaño normal, de un olor ya imaginado, pero después de tenerlo dentro de mi no sabía que iba pasar, y me fui. No hubo primera vez para mi, en la secundaria.
La preparatoria se mantuvo alejada de la duda por los placeres, tenía un poco más claro que quería y que necesitaba para llegar ahí, tenia figuras femeninas que me impresionaban, gusto definido por el arte, hibridaciones musicales varias y como siempre “buenas notas”. Nada me parecía complicado, los hombres que siempre se mantuvieron por debajo, empezaron a descender aun más en la escala de prioridades, ahora si alguien me agradaba ya no me importaba agradarle y no hacia nada para que algo sucediera. La universidad estaba a punto de venir por lo tanto “saca buenas notas y empedate” Pero no hagas nada más que no quieras, si es que no quieres. Mis amigas ya lo hacían, a todas horas, en los baños, en las fiestas, en su casa a escondidas, pero no había presión. No hubo primera vez para mi en la preparatoria.
La cosa fue, que por fin un día paso, lo hice a escondidas, no por mi padres, si no porque siempre supe que ya estaba en edad de saber hacerlo, que pude verme tonta a los trece pero no ahora, que ya cursaba la universidad. Y ahí estaba en mi cuarto con el espejo mirándome, y así varias semanas hasta que un día me anime hacer público mi placer. Es fecha que la gente nota lo mala que soy para esto, sobre todo los hombres, es común que sonrían y me digan “a ver yo lo hago.” Pero aunque le moje los labios de más o incluso siempre sienta que esta al revés, o cuándo me pregunten cuál es tu favorito no sepa o que prenderlo me siga causando nervios, incluso con todo eso, no me arrepiento haber esperado tanto por hacerlo, fue justo para mi y para él. La primera vez que fumé fue tan placentera como lo imaginé, fue en la universidad y aún no lo he hecho muchas veces, ni se muy bien de cosas de cigarros, ni siquiera he probado tantos como otras, es más llegue justo cuando fumar es prohibición, pero con todo y eso, se que fumar antes hubiera sido mala idea. Yo se del amor lo que se de fumar y como a todos se me esta consumiendo la vida, pero por fin hubo primera vez para mi.
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